La obsesión es el gran punto fuerte y al mismo tiempo la máxima flaqueza del neurótico. Un paranoico mueve montañas, pero se hunde por una mancha de café en la camisa. El obsesivo tiene el coraje que dan la locura y la desesperación, pero la tensión de mantener operativo el circuitaje de sus manías puede acabar reduciéndolo a papilla. “Oigo rugir los motores de la muerte”, ROGER WOLFE